Marruecos nos tiene el corazón robado desde la primera vez que fuimos. Hemos cruzado el estrecho más de seis veces y cada viaje nos devuelve algo diferente — una medina nueva, un amanecer distinto sobre las dunas, un rincón que no conocíamos. Este roadtrip fue el regreso después de varios años sin pisar el país vecino, esta vez en furgo y con el peque a bordo. Más de 4.000 km en diez días. Una paliza — y lo repetiríamos mañana mismo.
EL ROADTRIP DE UN VISTAZO
📍 Zona
Marruecos — ruta circular norte-desierto-sur
📅 Duración
10 días
🚙 Vehículo
Furgo
🐾 Con perro
No — viajar con perro a Marruecos tiene requisitos complejos para la vuelta
👶 Con niños
Sí
🗓️ Mejor época
Invierno o primavera — el desierto en verano es inviable por el calor
📍 Paradas
7
LAS PARADAS DEL ROADTRIP
PARADA 1 — Chefchaouen
La ciudad azul a primera hora de la mañana
Llegamos de noche y dormimos en uno de los parkings mirador que rodean la ciudad. Al día siguiente, la estampa de las casitas azules con la luz de la mañana es una auténtica maravilla.
Nos adentramos en la medina a primera hora — antes de que llegue nadie. Solo gatos, vecinos abriendo sus negocios y nosotros recorriendo los callejones tranquilamente. Chefchaouen es preciosa en cualquier momento, pero a esa hora tiene una magia especial que desaparece en cuanto llegan los grupos.
PARADA 2 — Fes
PARADA 3 — Azrou y el bosque de cedros
Los babuinos del Atlas
Camino hacia el sur, parada en Azrou para visitar el bosque de cedros y sus famosos babuinos. Una experiencia curiosa y muy diferente a todo lo anterior — los macacos del Atlas campan con total libertad entre los árboles y se acercan sin miedo. Con niños es una parada que engancha.
Aprovechamos para pernoctar en un camping y ducharnos antes de la etapa más larga del viaje.
PARADA 4 — Merzouga y el desierto del Sahara
El punto más alejado — y el más esperado
El desierto para nosotros es sinónimo de magia. Tiene algo que nos atrapó la primera vez y que no ha cambiado en ninguno de los viajes posteriores. Ese mar de dunas infinito hace que periódicamente necesitemos volver a recorrerlo.
Elegimos el mismo hotel de siempre — el Auberge du Sud — donde ya nos sentimos como en casa. Una noche en una suite con vistas a las dunas para recuperarse de la paliza de kilómetros.
Al día siguiente, madrugamos para ver el amanecer entre las dunas. Los rayos del sol tiñendo la arena de naranja es uno de esos espectáculos que no se pueden describir bien — hay que verlos. Por la mañana, quads por las dunas y piscina para terminar de disfrutar el día.
PARADA 5 — Gargantas del Todra y del Dades
La naturaleza trabajando a lo grande
De camino de vuelta hacia el norte, las Gargantas del Todra y del Dades — dos maravillas geológicas que el agua ha ido tallando durante milenios en la roca. El contraste entre el verde de los palmerales y el ocre de las paredes de roca es de esos paisajes que se te graban.
Una parada obligatoria en cualquier ruta circular por Marruecos.
PARADA 6 — Ait Ben Haddou
La kasbah más fotogénica de Marruecos
Ait Ben Haddou es imprescindible. Una kasbah de barro declarada Patrimonio de la Humanidad que ha servido de escenario para decenas de películas — y se entiende perfectamente cuando la ves en persona.
El contraste de colores es lo que más nos impacta cada vez: el verde intenso de los palmerales contra el marrón cálido de las kasbahs de barro. Los callejones estrechos, las vistas desde arriba, la luz de la tarde cayendo sobre la arcilla. Difícil no quedarse más de lo previsto.
PARADA 7 — Marrakech
Una parada más urbana para cerrar el bucle sur. Marrakech tiene su propio ritmo — la medina, la plaza Jemaa el-Fna, los zocos. Diferente a todo lo anterior y necesaria para entender la diversidad de Marruecos.
PARADA 8 — Rabat
La capital que no conocíamos
Todavía no habíamos visitado Rabat y aprovechamos la vuelta para recorrerla a primera hora de la mañana. Una ciudad sorprendentemente tranquila para ser la capital — con una medina muy auténtica y mucho menos turística que las anteriores.
Solo quedaba llegar a Tánger para coger el ferry de vuelta. Lo que no contábamos era con el temporal de mar que canceló todos los ferris del día — tuvimos que dormir en el puerto a la espera de que amainara. Parte del viaje también es eso.
LO QUE MÁS NOS GUSTÓ
El amanecer en el desierto — siempre. Y Ait Ben Haddou con la luz de la tarde. Son dos imágenes que llevamos muchos viajes acumulando y que no pierden fuerza.
LO QUE CAMBIARÍAMOS
Organizarnos con más tiempo para poder llevar a la perra. Viajar con perro a Marruecos tiene requisitos veterinarios complejos para la vuelta a Europa — analíticas en laboratorios autorizados, certificados específicos — y no llegamos a tiempo de gestionarlo. En el próximo viaje, con más previsión, queremos intentarlo.
Y comprar los billetes de ferry de ida y vuelta por separado — el billete de vuelta abierto con la misma compañía te ata a sus horarios y puede que no sea el primero que salga el día que necesitas embarcar.
CONSEJOS PRÁCTICOS
Documentación imprescindible: Para entrar en Marruecos necesitas el pasaporte con mínimo 6 meses de vigencia durante la estancia. Compruébalo antes de salir — si va a caducarte en breve, renuévalo con antelación. Para menores de edad es imprescindible la presencia de los dos progenitores para tramitarlo.
El ferry: Nosotros cruzamos por Algeciras — Tánger Med. El trámite del pasaporte se hace a bordo y es rápido. Lo que requiere más tiempo es el papeleo del vehículo en el puerto de Tánger Med — paciencia, sonrisa y muchas ganas de entender el francés. No olvides la carta verde de tu seguro — es gratuita y obligatoria para circular por Marruecos.
Carreteras: Mejor de lo que esperábamos. Poco tráfico salvo en las grandes ciudades, combustible más barato que en España y carreteras en buen estado general. Hay mucha presencia policial — a la entrada y salida de cada población hay control. Sin incidentes si vas con todo en regla.
Con niños: Una ventaja absoluta. Todo el mundo nos trató de maravilla y el peque aguantó los miles de kilómetros como un campeón. El desierto le impactó igual o más que a nosotros.
Con perro: Viajar a Marruecos con perro es posible pero la vuelta a Europa tiene requisitos veterinarios específicos — analíticas en laboratorios autorizados para certificar que el animal está libre de ciertas enfermedades. Infórmate con antelación y empieza los trámites con tiempo.
Época: Invierno o primavera — el desierto en verano alcanza temperaturas extremas. Diciembre y enero son meses perfectos para el sur del país.
Las pernoctas y alojamientos concretos os los cuento en la asesoría — en esta ruta hay opciones que marcan la diferencia entre un viaje bueno y uno inolvidable.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Es seguro viajar a Marruecos en furgo con niños? Sí, totalmente. Nuestra experiencia en todos los viajes ha sido muy positiva — la gente es acogedora, viajar con niños es una ventaja social y no tuvimos ningún incidente. Como en cualquier viaje, sentido común y precaución básica.
¿Se puede llevar el perro a Marruecos? Técnicamente sí, pero la vuelta a Europa tiene requisitos veterinarios complejos que hay que gestionar con mucha antelación. Si quieres ir con perro, infórmate meses antes de salir.
¿Cuántos días mínimos necesitas para este roadtrip? Con 8-10 días puedes hacer la ruta circular completa pero hay que ir por faena. Menos de una semana es demasiado justo para los kilómetros que hay entre Barcelona y el desierto. Y lo ideal es disponer de más días para poder hacerlo con calma.
¿En qué época es mejor ir? Invierno o primavera para el desierto — temperaturas agradables durante el día y frescas por la noche. El verano en el sur de Marruecos puede superar los 45 grados.
¿Hace falta reservar alojamiento con antelación? En el desierto, especialmente en Merzouga, recomendamos reservar el alojamiento con antelación en temporada alta. El resto de la ruta es más flexible.
Marruecos es uno de esos destinos que enganchan desde la primera vez — y que mejoran con cada regreso. Llevamos más de seis viajes y todavía nos queda mucho por descubrir. Si estás pensando en cruzar el estrecho, hazlo. Y si quieres que te ayude a organizarlo con las paradas que más encajan con vosotros, cuéntame cuántos días tienes y con quién vas 😉
Aterrizamos en Lisboa de noche, volvemos a ajustar el reloj y cogemos el metro para ir al hotel, llegamos en media horita, fantástica conexión.
Hacemos el check-in y hacia la habitación, es triple y tiene balcón, aunque lo mejor, es la ubicación, podremos ir andando a todas partes.
El sábado nos levantamos con ganas de conocer una nueva ciudad, así que empezamos a andar, compramos el almuerzo y nos acercamos al Jardim da Estrella donde hay un parque infantil donde mientras almorzamos el bebe juega entre leones y jirafas y pavos reales. Al salir del Jardín, ante la Basílica da Estrella hay el inicio del recorrido que hace el mítico tranvía 28, así que hacemos la cola pertinente y subimos al tranvía más famoso del país. Bajamos del tranvía y nos acercamos a la Sé de Lisboa, la Catedral, seguimos subiendo hasta el Castelo de San Jorge y nos perdemos entre los callejones del barrio de Alfama.
Bajamos hasta Rossio y la Avda. De Liberdade para comer en un restaurante tibetano que nos recomendaron los anfitriones de la casa rural de las Azores, así que comemos en Os Tibetanos y vamos a hacer una siestecita al hotel.
Después de escapar de las peores horas de calor, volvemos a salir para perdernos ahora por el Barrio Alto, disfrutamos de unas vistas privilegiadas desde el Miradouro de São Pedro de Alcântara y llegamos hasta el Covento do Carmo, ahora cerrado, tendremos que volver porque me quedo con las ganas de descubrir este lugar tan especial.
El domingo volvemos a almorzar en el parque del Jardim da Estrella y ponemos rumbo hacia el oeste para descubrir la Torre de Belem y el Mosteiro dos Jerónimos, está todo a tope y hace un calor horrible, así que no hacemos mucho el guiri y huimos a un lugar más tranquilo y auténtico.
Vamos al Village Undergroud Lisboa, un lugar muy especial donde podemos comer tranquilamente. Es un lugar ideal para ir con niños, tiene mucho espacio donde jugar sin peligros, tiene columpio y un skate park. Hay dos autobuses antiguos de dos pisos ensartados a unas vigas que hacen de bar, y hay diferentes containers que acogen estudios para artistas, que tienen sala de exposiciones e inspiración por todas partes, es un lugar auténtico, con alma. 100% recomendable
Por la tarde vamos al Parque Eduardo VII donde también hay un mirador espectacular y coincide con la feria del libro de Lisboa, así que nos perdemos entre libros manoseados y compramos un cuento en portugués de recuerdo. El peque no deja pasar la ocasión de jugar en el parque infantil que tiene tirolina y todo.
El lunes es el último día, lo tenemos que aprovechar al máximo! Vamos hacia el centro y nos acercamos bien temprano a comer a la marisqueria Uma, muy recomendada y que se llena enseguida. Comemos un arroz caldoso con marisco delicioso y con la barriga llena, disfrutamos de las vistas del elevador de Santa Justa y ahora sí es hora de volver al Convento do Carmo, donde entro fascinada porque un terremoto haya destruido el techo de la catedral y las paredes sigan intactas, le da un aire diferente y atractivo. Hago 4 fotos y andamos por Chiado sin rumbo.
La tarde se hace larga, puesto que el vuelo sale a las 21h, así que paramos a hacer tiempo en el Jardín do Príncipe Real donde el peque juega con otros niñ@s lisboetas.
Finalmente, recogemos las mochilas en el hotel y volvemos en metro hacia el aeropuerto donde el avión se vuelve a atrasar y nos hace llegar a Barcelona pasada la media noche. Solo queda tiempo de coger un taxi para llegar a casa lo antes posible, que al día siguiente tenemos que trabajar.
Han sido 3 días para disfrutar de Lisboaen familia, nos ha gustado la ciudad, a pesar de que tiene este aire decadente, tiene toques modernos suficientes atractivos que hacen una mezcla bonita y peculiar. El colofón final a un viaje que iniciamos en Porto, nos llevó hasta São Miguel, en las Azores y que termina en la capital portuguesa, Lisboa.
La ventana del avión nos mostraba la mejor estampa aérea de la isla, lagos en cráteres volcánicos y acantilados en la costa, un trozo de tierra verde en medio del azul oceánico… ¡Bienvenidos a las Azores!
Esta vez el reloj marcaba dos horas menos que en casa,
al bajar del avión nos esperaba una persona del alojamiento «Quinta dos Bravos» con el cartel con nuestro nombre y un taxi que nos llevaría hasta el hotel.
Una vez ubicados, cogemos el coche que hemos alquilado para recorrer São Miguel y mientras el sol se esconde detrás del mar, nos dirigimos a Ribeira Grande para cenar algo, no es fácil, no se ve mucho ambiente ni muchas opciones para escoger, así que cenamos una pizza en cualquier lugar y volvemos al hotel a descansar, otra cama king size, qué gusto dormir los 3 juntos con estas dimensiones!
Al día siguiente decidimos ir a descubrir la Caldeira Velha, es un lugar precioso, árboles altísimos, todo verde y cuidado al máximo y donde se pueden tomar baños termales en las piscinas naturales habilitadas, una con cascada incluida. Interiormente pienso que empezamos demasiado bien, que si el primer día ya les enseño estas maravillas de las Azores a mis chicos, el listón estará demasiado alto!
Hemos olvidado el bañador, no nos volverá a pasar, se tiene que hacer una mochila con los bañadores, chanclas y toallas y llevarla siempre en el coche, no se sabe nunca donde te podrás dar un bañito! La entrada son 2 € pero pagas gustos@ cuando ves lo cuidado que está todo.
Después nos acercamos a ver el Salto do Cabrito, está indicado en la carretera de acceso a Caldeira Velha, así que estacionamos el coche donde podemos y después de andar por una gran rampa descendente, llegamos a la increíble cascada entre rocas, 40 metros de caída que impresionan. Lo disfrutamos desde bajo y después trepamos escaleras arriba donde hay un camino equipado con pasarelas para contemplarlo desde arriba.
Para comer nos acercamos a la capital de las Azores, Ponta Delgada donde hay bastante movimiento por el rally de coches que se está celebrando. Aprovechamos para informarnos y reservar la famosa excursión para ver delfines y ballenas.
La tarde la dedicamos a la piscina del hotel, toda para nosotros.
El domingo nos desplazamos hasta Faial da Tierra en la zona sudeste de la isla para realizar la excursión de 4’5 km hasta el Salto do Ruego, la cascada no es especialmente espectacular, a pesar de sus 8 metros y la cantidad de agua que baja, lo mejor es el camino, un sendero entre abundante vegetación que parece que estés en la selva. Nos encantó. El salto de agua se puede visitar tanto desde bajo, donde te puedes bañar y todo, como desde arriba.
Nos desplazamos hasta Povoação para comer y la tarde la volvemos a dedicar al agua.
El lunes con la barriga llena después de los deliciosos almuerzos que nos ofrecen en el hotel, nos dirigimos hacia Furnas, Furnas es una población rica en caldeiras, charcos de agua hirviendo que desprenden aquel olor tan especial y que en esta población incluso lo utilizan para cocinar, es típico esconder las ollas dentro de estas piscinitas para cocinar el cocido.
Pues eso, aparcamos el coche en el parking, donde nos da la bienvenida un grafiti del gran Banksy y damos una vuelta por el pueblo entre caldeiras que sacan humo, es increíble que la actividad volcánica no vaya a más y se limite a hacer hervir solo una pequeña parte de la isla…
Después de las fumarolas, vamos hacia el Lago de Furnas, lo bordeamos hasta la curiosa y bonita Capilla de las Victorias y nos adentramos, después de pagar 4 € los adultos en Mata – Jardim José do canto, el camino como siempre es fantástico, una jungla verde preciosa, esta vez incluso atravesamos un bosque de sequoies increíble, en cada paso que hacen nuestros pies, los sentidos se maravillan todavía más, me encanta.
Esta caminata nos lleva hasta otra cascada el Salto do Rosal que ha sufrido algún desprendimento últimamente porque el acceso está lleno de grandes árboles por el medio que todavía le dan un aire más salvaje.
Justo es decir que durante las excursiones no nos cruzamos con casi nadie y esto también se agradece, poder disfrutar de estos espacios sin aglomeraciones le da un plus incalculable.
Comemos en Furnas, donde descubrimos por casualidad una casa del revés y nos acercamos a Villafranca do Campo para observar la isla cráter que hay justo delante y ver las posibilidades de llegar en barca durante esta época. Solo durante el verano y con buenas condiciones meteorológicas hay una embarcación que hace los traslados por 5 € por persona. Pasamos la tarde entre patos hambrientos de migas de pan en la misma población de Villafranca.
Al día siguiente se levanta el día muy encapotado y el anfitrión de la casa rural donde nos alojamos nos sugiere que vayamos a las piscinas termales, que aquí en Azores cuando hace mal día, es un plan ideal. Así que con algunas dudas de si será bastante seguro bañarse al aire libre con la lluvia o si nos moriremos de frío, conducimos otra vez hasta la localidad de Furnas para ir a la Poça Beija, no somos los únicos que hemos elegido esta opción, pagamos los 4 € de entrada los adultos y 3’5 los niños + 1 € por la taquilla, nos ponemos los bañadores y andamos bajo la lluvia para sumergirnos dentro de las aguas termales que están a 39 °
Hay otra piscina de aguas termales de un color marrón no muy atractivo, que nos desaconsejan yendo con el bebe porque en caso de accidente, no ves donde está sumergido el niño.
No aguantamos mucho rato dentro del agua caliente, al final la sensación de calor es demasiado y ponemos fin a la experiencia. El día no acaba de mejorar, así que decidimos ir hasta Ponta Delgada, comemos en un vegetariano buenísimo Rotas da Ilha Verde y vamos a visitar la cueva volcánica Gruta do Carvão. Es un recorrido de 45 minutos, la explicación es en inglés o portugués y es una cueva curiosa para ser de origen volcánico, es la más oscura que hemos visitado, la zona habilitada es pequeña y no es especialmente atractiva, aunque es un plan B para días de lluvia.
Cuando el día parecía que se aclaraba, decidimos subir hasta el mirador Vista do Rey para intentar divisar los dos lagos más famosos de la isla, pero la niebla hizo acto de presencia y no pudimos disfrutar de las vistas como es debido. Aprovechamos para curiosear el hotel abandonado que hay en lo alto, es curioso que estando en un emplazamiento tan privilegiado, no esté en funcionamiento. Son aquellos lugares especiales por el atractivo y la inseguridad, porque todo está medio cayendo…
Hacemos la vuelta hacia el hotel recorriendo la cuesta noroeste, entre islotes y acantilados.
Al día siguiente era el que mejor climatología indicaba el calendario que manejan todas las empresas de avistamiento de animales, y teníamos la reserva para las 8:30h de la mañana.
La empresa elegida entre las decenas que hay que ofrecen básicamente lo mismo y por el mismo precio, es Picos de Aventura y quedamos muy contentos. Primero dan una explicación sobre seguridad y sobre los animales que se pueden ver y como lo hacen para localizarlos, etc, aprovechamos para tomar la biodramina (también hay biodramina infantil) por no amargarnos el viaje y poder disfrutar del espectáculo (del último trayecto en barco volviendo de Zanzíbar tenemos muy mal recuerdo por el tema del mareo y no queríamos que se repitiera).
Llega la hora de ponerse el chaleco salva-vidas y subir a la embarcación. Nosotros al ir con un niño pequeño nos indicaron desde el principio que iríamos con una barca de fibra, que son más seguras que las típicas zodiac de goma.
Así que nos acomodamos y empezamos a saltar por encima de las olas, en la barca hay también un grupo de niños que se emocionan cada vez que picamos contra las olas y gritan, el bebe no les saca el ojo de encima, hasta que el biólogo de Picos de Aventura, que resulta ser vasco y nos hace todas las explicaciones personalizadas en castellano, avisa de que un grupo de delfines nada a nuestro lado.
Menudo subidón, nos miramos y nos sabemos afortunados de poder ver estos animales en su hábitat natural, de poder ofrecer a nuestro hijo esta experiencia tan bonita en las Azores. Disfrutamos un buen rato de los delfines juguetones que saltan entre las olas… a pesar de que me es muy difícil hacer un video decente donde se aprecie bien el espectáculo, tenéis que vivir esta experiencia, 100% recomendable 😉
Continuamos adentrándonos mar adentro en busca de los grandes cetáceos, sabíamos de la dificultad para encontrar estos enormes mamíferos, así que tomamos paciencia y no sacamos los ojos del agua en busca de un surtidor que nos indique que una ballena sale a la superficie a respirar. De camino, nos encontramos al animal más complicado de ver, la tartaruga (en portugués), vimos nadar junto a la barca una tortuga marina, parece pequeña dentro de aquella inmensidad oceánica… qué ilusión! Fijaros bien:
Y por último, el biólogo anuncia que hay ballenas bajo el agua, agudizamos la vista, vamos siguiendo las marcas en el agua que dejan con la cola al nadar y finalmente, podemos ver también ballenas! Qué maravilla! No saltan ante nosotros ni hacen grandes espectáculos, pero podemos apreciarlas y grabar por siempre jamás aquellas imágenes en nuestra memoria. El bebe está emocionadísimo, además, de vuelta hacia tierra volvemos a ver otro grupo de delfines que sí que se dejan ver haciendo saltos ante nosotros, un final fantástico para un tour en familia inolvidable surcando las aguas de las Azores.
Siguiendo con la meteorología espléndida, nos apresuramos a subir otro vez al mirador Vista do Rey y esta vez sí, podemos disfrutar de una de las mejores vistas de la isla, de los lagos de Sete Cidades, el lago azul y el lago verde, una delicia para los sentidos.
Ahora nos dirigimos al Lago do Fogo, que el biólogo nos ha dicho que era su favorito, así que nos acercamos y realmente, tenía razón, es un lugar maravilloso, qué colores! La naturaleza en estado puro, formidable.
Tenemos tiempo de acercarnos también hasta el Parque Ribeira dos Caldeirões, donde hay 3 magníficas cascadas de agua con sus correspondientes molinos para admirar. El paseo es corto y venir expresamente tampoco es imprescindible, si no tenéis mucho tiempo, priorizáis otros lugares más naturales y fascinantes.
Volvemos a relajarnos a la piscina del alojamiento y al día siguiente nos desplazamos hacia Villafranca do Campo para ir hasta la isla que hay delante, es impresionante la forma que tiene de cráter de volcán redondo, cubierto de agua de mar y rodeado de verde, otra vez la naturaleza nos cautiva.
Un pequeño bote acerca a los bañistas cada hora hasta la isla. En 5 minutos se llega y empezamos a investigar, hay un pequeño sendero que recorre el borde del agua que está llena de lagartijas que toman el solo, llegamos hasta el agua pero el bebe no está nada acostumbrado a la playa y a las olas del mar y no acaba de estar convencido de meterse, la temperatura del agua tampoco ayuda, así que pone tímidamente los piececitos aferrado a nuestra mano y rápidamente prefiere jugar con la arena. No nos estamos mucho rato, es un islote pequeño que rápidamente se visita y si él no quiere bañarse no seremos nosotros quien invertamos nuestro tiempo en una playa, ya lo sabéis somos claramente de río y de montaña 🙂
Volvemos a tierra firme y vamos a comer a la Asociación Agrícola, famosa por la calidad de su carne, realmente, la ternera con papaya está para chuparse los dedos! Aquí también hay que reservar con antelación porque a pesar de ser grande, siempre está lleno de locales.
Por la tarde vamos otra vez hacia la zona oeste para conocer la Sierra Devassa a pesar de que la climatología no acompaña y entre el viento y la niebla, realizamos solo una parte del sendero.
Para que Azores sea así de verde, es imprescibdible la lluvia, por lo que es una compañera más del viaje 😉
Viernes, último día en la isla, nos levantamos con nostalgia porque podríamos quedarnos una semana más explorando la isla, pero Lisboa nos espera, así que recogemos las cosas de la habitación y dedicamos la mañana a visitar el Lagoa do Congro, es una ruta muy corta hasta un lago inmerso en la natura, rodeado de altos árboles y musgo por todas partes.
Para comer vamos al centro comercial Atlantico de Ponta Delgada donde nos sorprende la gran zona para atender a los bebes, tanto para amamantarlos, cambiarlos… es ideal! Nosotros no somos de ir a centros comerciales y quizás esto existe en nuestro país, pero nos sorprendió muy gratamente que haya este espacio pensado para los más pequeños y sus familias.
Apuramos los últimos minutos en el aeropuerto, donde el vuelo se vuelve a retrasar, nos despedimos finalmente de Azores y volamos por la noche hacia Lisboa donde pasaremos las próximas 3 noches.
El día 1 de junio nos levantamos bien temprano y nos acercamos al aeropuerto del Prat para tomar el primer vuelo dirección Porto. Hemos tenido retraso en todos los aviones, no grandes demoras pero ninguno ha salido con puntualidad. Esta vez el piloto era muy simpático y dejó entrar al bebe en la cabina para observar con detalle todos los mandos para pilotar un avión.
Después de retrasar una hora el reloj, recogemos las mochilas y cogemos el metro para ir hasta el centro de Porto.
Bajamos en la preciosa estación de metro de São Bento y en 5 minutos llegamos al hotel escogido, iStay Hotel Oporto Centro, un antiguo easyhotel, que cumple perfectamente la función, buena ubicación, limpio, servicio excelente, habitación amplía, cama king size y buen precio.
Después de descargar, vamos a buscar un lugar para comer, por casualidad pasamos por delante de Casa Guedes y al ver que estaba a tope, recuerdo que lo recomendaban en algún sitio y decidimos entrar. Probamos el típico bocadillo de jamón y queso de oveja, el lugar es humilde pero la comida era buena, con la barriga llena pero sin peso en la espalda, volvemos hacia el centro a ver con detalle la estación de São Bento, que es preciosa. Seguimos paseando hasta la Torre de los Clérigos y damos un vistazo por el escaparate a la famosa Librería Lello, la cola para comprar los tickets para entrar (3 €) nos hace prescindir de la visita y seguimos contemplando Porto.
Admiramos los tranvías ante la Igreja dos Carmelitas y hacemos una paradita en el parque infantil de los jardines da Cordoaria/João Chagas para que el bebe satisfaga sus ganas de trepar, jugar y saltar.
Después nos deleitamos con las vistas sobre el río desde el Passeio das Virtudes y bajamos hasta el barrio de la Ribeira donde hacemos de espectadores de la vida cotidiana de Porto, de las idas y venidas de los locales.
Volvemos hacia São Bento y subimos hacia el este para ver la iglesia de Santo Ildefonso, cenamos en el japonés del lado del hotel y a descansar. Ha sido un día intenso.
Al día siguiente, después de almorzar con un pan buenísimo de la panadería de al lado del hotel, nos ponemos en marcha, visitamos la preciosa capela das almas y nos adentramos en el mercado do Bolhão, un espacio decadente pero con mucha vida que le da un encanto especial.
Andamos por la Avda. de Aliados donde hacemos una parada técnica y nos acercamos a comer al restaurante vegetariano Da Tierra donde degustamos el delicioso bufete libre.
Por la tarde vayamos a visitar el puente de Luis I, lo cruzamos y conseguimos unas vistas diferentes de la ciudad, desde el otro lado del río Douro. Vamos a un parque infantil, de los que no abundan en el centro de Porto y acabamos el día paseando por el barrio de la Ribeira entre barcas de piratas 😉
El último día lo dedicamos a los Jardines do Palácio de Cristal, cuidados al máximo, ideales para relajarse y desconectar completamente, también tiene un pequeño parque infantil que hace las delicias de nuestro hijo.
Para comer, vamos al Food Corner y elegimos la Munchie, donde comemos estupendamente antes de volver en metro al aeropuerto para volar hacia las Islas Azores, la siguiente parada del viaje.
Porto es una ciudad decadente, que a mí me recordó los barrios «bien» de cualquier capital africana, será que ya vuelvo a sentir «la llamada de África»…
Este año hemos avanzado las vacaciones de verano. Los motivos? Dos, hacerlas coincidir con la celebración del 30º cumpleaños del padre de la criatura y con la mejor época para tener posibilidades de avistamiento de animales marinos en libertad, en el destino elegido, Portugal.
Hemos dejado la furgo aparcada y hemos vuelto a coger el avión, y unas cuántas veces.
¿Quieres saber qué paraíso hemos descubierto esta vez?
La isla de São Miguel, en el archipiélago de las Azores, una maravilla!
Nos ha encantado, es una isla verde, con una vegetación exuberante que se puede recorrer fácilmente en coche de alquiler y que permite hacer excursiones muy chulas sin exigencia física.
Tiene todo lo que a nosotros nos gusta: ríos, lagos, cascadas, cueva, animales en libertad… A pesar de ser una isla, no es la típica isla de sol y playa, si buscáis esto, os habéis equivocado de destino, las Azores son islas volcánicas en medio del océano atlántico con un clima muy cambiante que le da esta flora tan especial.
El secreto es que hasta ahora era carísimo volar a esta zona de Portugal, pero desde hace un año Ryanair y Easyjet han abierto rutas a precios asequibles y esto ha disparado el turismo, casi inexistente hasta el momento. Parece ser que la mitad de viajeros son de procedencia nacional (portugueses) y la otra mitad del resto del mundo, Europa principalmente, a pesar de que también hay procedentes de los EE. UU..
Los azorianos son gente amable y acogedora, no sé si es porque vamos con el bebe y esto siempre provoca sonrisas y abre las puertas, pero nos hemos sentido muy a gusto.
Y una de las mejores cosas que hemos hecho ha sido un tour en barco para ver animales marinos, y tuvimos mucha muchísima suerte, pudimos ver los 3 grandes atractivos de estas aguas: delfines, ballenas y una tartaruga (tortuga).
Y puesto que íbamos a Portugal, hemos aprovechado para conocer las dos grandes ciudades portuguesas de la península, a la ida hicimos escala de 3 días en Porto y a la vuelta de las Azores, paramos 4 días en Lisboa.
Hay que decir que no es un destino caro, que el rango de precios permite obtener hoteles y comida a precios asequibles. Además es facil recorrerlo por libre y la opción de alquilar coche es ideal para hacerlo en familia.
En total dos semanitas en el país vecino que hemos disfrutado en familia, ¿quieres saber más?
Esta vez hemos cambiado la furgo por el avión; y el destino elegido para estrenarse en el aire ha sido la bella y mágica Venecia, en Italia.
Era la primera vez que el bebe volaba y estaba entusiasmado. A punto de hacer 3 años, ya entiende todo lo que le explicamos; racionalmente era consciente de lo que pasaría, a pesar de que al ser la primera vez, no se podía imaginar como sería realmente la experiencia.
Antes del viaje a Venecia, habíamos cogido algunos cuentos de la biblioteca para poderle anticipar todo lo que iría pasando para facilitarle la adaptación; y para el durante, cogimos un cuento de Elmer, ceras para pintar, pegatinas y un par de coches.
Los padres teníamos muchas ganas, nos hemos reprimido durante mucho tiempo pero no lo podemos evitar, nos encanta volar y conocer tierras lejanas…
Día 1 del viaje a Venecia en familia
La aventura empezó el viernes 8 de abril; bien pronto, el abuelo nos acompañó al aeropuerto, como no teníamos que facturar, directos hacia el control y hacia la puerta correspondiente.
Preferiblemente siempre volamos sin facturar el equipaje para evitar los ratos de espera para recoger las maletas y la posibilidad de perdida.
Aprovechamos para desayunar mientras el bebe tiraba los coches por el tobogán del mini parque que había junto a la puerta de embarque.
Una vez había subido la mayoría de gente, entramos nosotros, de este modo es subir y despegar, evitando esperas inútiles en un espacio tan reducido.
El bebe ni se inmutó durante el despegue, mamó un poco y se durmió… un vuelo muy plácido. Cuando volvió a abrir los ojos ya estábamos sobrevolando Italia y aterrizábamos en pocos minutos en el aeropuerto de Venecia Treviso.
Como era casi mediodía, preferimos llegar a la ciudad de Treviso en bus y comer algo; antes de coger el tren hasta la estación de Santa Lucía, ya en la isla de Venecia.
Yendo con el bebe escogimos cambiar de vehículo y que se pudiera explayar un poco entre el avión y el tren. En vez de coger el bus directo a Venecia y volver a atarle a un asiento más de una hora con la barriga vacía.
Así que a primera hora de la tarde salíamos del tren expectantes para ver qué nos depararía esta mágica ciudad… Lo primero que ves al bajar del tren es esto:
Así que la primera impresión fue buenísima. Nos miramos y reconocimos en los ojos del otro la emoción de descubrir juntos un nuevo lugar fascinante.
Solo pudimos articular dos palabras: me encanta y gracias.
Era hora de probar un nuevo vehículo, el vaporetto, los autobuses acuáticos de Venecia. Así que compramos el caro billete (7’5 €), nos instalamos en la parte posterior descubierta y empezamos a navegar por el Gran Canal. Qué bienvenida, no podíamos parar de mirar a lado y lado y cada detalle nos parecía más cautivador. Estábamos radiantes.
Después de pasar por debajo del puente más antiguo y famoso, el puente de Rialto y del puente de la Academia; bajamos en la parada de Giglio, a 2 minutos de nuestro alojamiento.
El hotel no era nada espectacular, pero la ubicación era magnífica, a menos de 5 minutos de San Marco; y por lo cara que es Venecia, a un precio basta razonable (72 € la habitación doble con baño).
Después de hacer el check in y descargar las mochilas, fuimos hasta la famosa plaza San Marco. Vimos la basílica, el palacio Durcal, el león alado insignia de la ciudad, el puente de los suspiros… Y estuvimos paseando junto al mar con San Giorgio Maggiore de fondo hasta que decidimos perdernos entre los callejones y canales del barrio de Castello.
Cada canal esconde un detalle precioso para admirar, podrías estar todo el rato haciendo fotos; suerte que los niños solo viven el aquí y ahora y te hace ser consciente de vivirlo y dejarte de tantas fotos.
Día 2 del viaje a Venecia en familia
El sábado por la mañana todavía con un poco de lluvia salimos sin planificar el destino, solo con la intención de perdernos entre canales. Descubrimos el mercado de Rialto, rodeado de gaviotas que buscaban restos de comida. Seguimos paseando por el barrio de San Polo y disfrutando de la ciudad, de sus tradiciones y misterios y de su gastronomía. Para una familia adicta a la pizza, es un auténtico paraíso. El bebe aprendió enseguida a decir gelato 😉 y sí, este fue nuestro menú diario, pizza y helado, helado y pizza.
Por la tarde fuimos a patear por el barrio de Dorsoduro que nos gustó mucho; los espacios eran más amplios y se notaba más la esencia de barrio a pesar de la cantidad de turistas que atrae una ciudad tan especial como Venecia.
Día 3 del viaje a Venecia en familia
El domingo queríamos ir a la isla de Burano; Nos levantamos con un sol espléndido así que salimos temprano del hotel y dando un paseo fuimos subiendo para ir a Fondamente Nove; Al final nos dejamos llevar por la marea de gente y acabamos en la estación de tren, así que descubrimos el barrio de Cannaregio.
Finalmente llegamos a Fondamente Nove donde cogimos el vaporetto que en 45 minutos nos acercaría a Burano, la isla de las casas de colores.
Dimos una agradable paseo por la pequeña isla para descubrir las casitas de colores que la habitan, algo más de pizza y vaporetto de vuelta hacia Venecia.
Por la tarde nos acercamos hasta el Squero di San Trovaso, donde se puede apreciar como se reparan las góndolas y despedir el día con la puesta de sol en el paseo de Zattere.
Ya de noche, volvimos a la zona de Rialto, donde hemos comido la mejor pizza, para repetir.
Día 4 del viaje a Venecia en familia
El lunes después de hacer las mochilas, fuimos andando tranquilamente desde el hotel hasta la ferrovia, exprimiendo los últimos minutos e intentando retener tanta belleza en la memoria. Como no, paradita para la última porción de pizza, tren, bus y avión. Llegamos con el tiempo muy justo, faltaba menos de media hora para el despegue.
El vuelo de vuelta fue igual de plácido que el de ida, teta y siesta; a pesar de que esta vez tuvimos que despertar al peque porque ya habíamos pisado tierras catalanas y seguía atrapado por Morfeo.
Una vez en Barcelona, tocaba recoger a Lüa de sus vacaciones particulares… Esta vez no nos ha podido acompañar físicamente pero la hemos tenido muy presente.
Sabíamos que era nuestro último viaje como pareja y el destino estaba claro, GORILAS de montaña, como no podía ser de otro modo, UGANDA!
Qué país más maravilloso, lo tiene todo…
Esta vez fueron sólo 15 días y cómo teníamos que ir por faena, alquilamos un coche con conductor para recorrer todo el país. El recorrido fue:
El viaje a Camerún ha sido durante todo el mes de agosto y por libre, sin organizar nada con antelación. Hay que contar que es época de lluvias y que las lluvias de allí no son como las de aquí, había días que no podíamos salir del hotel ni con botas de agua, chubasquero y paraguas porque diluviaba demasiado.
Como información práctica, el cambio de CFA a €uros estaba sobre 650. En los bancos no es fácil encontrar cambio, nosotros sólo lo conseguimos una sola vez, el resto, siempre en la calle. Hay que tramitar los visados en Madrid.
Volamos desde Barcelona hasta Yaounde vía Casablanca. Y el recorrido fue:
El nostre viatge a Madagascar va tenir una durada d’un mes, el vam realizar per lliure. Vam arribar a la capital, Antananarivo el 10/10/2010, en aquell moment, el canvi d’€uros a Ariary, la moneda local, estava sobre els 2.600 i el millor el vam aconseguir a l’aeroport.
Vam volar des de Barcelona a París (Orly) i de París a Tana. I el recorregut que vam fer va ser:
Nuestro viaje en Madagascar tuvo una duración de un mes, lo realizamos por libre. Llegamos a la capital, Antananarivo el 10/10/2010, en aquel momento, el cambio de €uros a Ariary, la moneda local, estaba sobre los 2.600 y el mejor lo conseguimos en el aeropuerto.
Volamos desde Barcelona a París (Orly) y de París hasta Tana. Y el recorrido que hicimos fue:
Antananarivo
Tana – Antsirabe
Miandrivazo
3 dies de descens pel riu Tsiribihina
Bekopaka
Grands Tsingy de Bemaraha
Petits Tsingy
Morondava
Morondava – Tulear
Tulear – Mangily
Tulear – Ambalavao
Reserva d’Anja
Ambalavao – Fianarantsoa
Fianarantsoa – Manakara. Tren de la Selva
Manakara
Manakara – Ranomafana
Ranomafana Parc
Ranomafana – Fianarantsoa – Ambositra
Ambositra
Ambositra – Tana
Antananarivo
Doncs això, si algú vol saber més sobre el recorregut, hotels, transports, etc.. aquí estem 😉
Pues eso, si alguien quiere saber más sobre el recorrido, hoteles, transportes, etc.. aquí estamos 😉
Nuestra escapada a Marruecos fue en septiembre del 2010.
Volamos Barcelona – Fez, estuvimos 2 noches en Fez, bajamos hasta el desierto de Merzouga, donde pasamos 3 noches, subimos por Ouarzazate donde hicimos una noche y acabamos en Marrakesh las últimas 3 noches.