Después de más de 500 km de carretera, paramos en Toirano donde mañana visitaremos sus grutas. Es una parada agradecida porque queda muy cerca de la autopista y así no te desvías mucho de la ruta pero la haces más amena, que yendo con niños siempre es mejor.
Es sábado y después de pagar la entrada a la cueva de Toirano (12 €/adultos, niños hasta 5 años gratuito) nos reunimos todos los visitantes en la entrada de la cueva para adentrarnos en las profundidades de la Tierra.
Ya sabéis que nos gusta visitar cuevas y esta no fue una excepción. Es un conjunto de 3 cuevas muy diferenciadas entre ellas en cuanto a formaciones geológicas. De la primera destacan las típicas estalactitas enormes, la segunda cueva a pesar de que es piedra parece auténtica cera, parece que hayan quemado millones de velas y se hayan creado estas formaciones tan especiales, no habíamos visto nunca ninguna como esta, preciosa; y la tercera destaca por el color rojizo de la roca, maravillosa también.
Como siempre, las fotos no hacen justicia a lo que apreciaron nuestra retinas, salimos realmente fascinados de la cueva de Toriano ante tanta belleza.
Como curiosidad, parece ser que han encontrado restos de osos, que vivían en las cuevas hace miles de años. Las explicaciones en italiano nos las perdimos pero la visita mereció la pena. Y así los casi 800 km que quedaban hasta casa, se hacían menos pesados.
A partir de ahora km y km, peajes y más peajes y poca cosa más a destacar; Solo agradecimiento de la experiencia vivida, un roadtrip en familia por Dolomitas difícil de olvidar.
Volveremos seguro porque nos han quedado un montón de sitios por explorar y descubrir.
Y tu… ¿prefieres parar a medio camino a visitar algo o hacer las tiradas de kilómetros todos seguidos?
Llegamos hasta el Lago di Mis a través de una carretera excavada en la roca, después de unos cuántos oscuros túneles, que nos empiezan a ofrecer la imagen del lago a mano derecha. Llueve y no podemos disfrutar de la panorámica a pesar de que promete.
Al día siguiente la meteorología no parece muy dispuesta a darnos una tregua, así que cuando nos cansamos de esperar a que pare de llover, cogemos los paraguas y empezamos a explorar el Valle del Mis. Nos acercamos primero hasta la Cascatta di la Soffia. Es un pequeño desfiladero entre paredes de roca y una pequeña cascada con una pasarela de madera encima para poder ver el salto de agua en todo su esplendor.
Es bonito de ver si estás por la zona, pero no podríamos decir que sea un imprescindible.
Reculamos y nos acercamos esta vez a Cadini de Brenton, una serie de cascadas y pozas preciosas escondidas en el profundo Valle del Mis. El camino hasta las cascadas está lleno de salamandras, pero lleno, tenemos que ir con cuidado de no pisar ninguna. El bebe está fascinado, últimamente está muy interesado en los dinosaurios y esto es lo más parecido a un dinosaurio que ha visto nunca. Así que presta atención a cada rincón para descubrir una nueva.
Una vez en el lugar, evidentemente solos, seguramente por la lluvia, disfrutamos del bonito paisaje. Subo hasta arriba de todo para no perderme ningún charco y bajamos hasta abajo para tener la perspectiva del conjunto. Realmente precioso.
Como el tiempo no acompaña, no invertimos demasiado rato y volvemos sobre nuestros pasos más rápido de lo habitual.
Empieza el camino de vuelta propiamente… no sin antes hacer una parada en la Cueva di Toirano para despedirnos de Italia y de nuestro increíble roadtrip por Dolomitas.
Exhaustos después de la excursión al Lago Sorapis, comemos en el Passo Tre Croci y ponemos rumbo al Rifugio Auronzo, a 2.330 m. y desde donde mañana haremos la famosa ruta de Tre Cime di Lavaredo. De camino podemos contemplar bonitas postales, el lago Misurina primero y el lago Antorno después nos ofrecen una panorámica difícil de borrar de las retinas. Una preciosidad, no creeis?
Pagamos los 16 € de peaje por los 5 km que separan los lagos de las cumbres y aparcamos sobre las 5 de la tarde en el parking habilitado a pies del Refugio Auronzo; el sol ya empieza a caer, una hora más tarde, ya no queda ni rastro. El frío se empieza a notar, así que nos resguardamos en la furgo hasta el día siguiente.
Es jueves y el tiempo acompaña, así que nos abrigamos y empezamos el sendero que nos llevará hasta el Rifugio Lavaredo, a rodear las 3 cumbres hasta el Rifugio Langalm y volver hasta el Rifugio de Auronzo. Hay un tramo con bastante desnivel, el resto es asequible. A pesar de que con nieve y hielo, aumenta el riesgo de patinazos y caídas, también permitió a nuestro hijo disfrutar de deslizar sobre la nieve a cada rampa que encontraba, y en menos de 3 horas volvemos a estar en el punto inicial. Como en principio el peaje te da derecho a 24h, no nos entretenemos y bajamos antes de que nos hagan pagar suplemento. Paramos en el Lago Antorno a comer y tenemos un pequeño susto con la furgo. Parece que pierde gasóleo, así que llamamos al seguro que nos facilita un taller a pocos kilómetros de aquí y nos acercamos a comprobar la gravedad del asunto.
Una vez allí, los mecánicos confirman que no es nada grave y que podemos volver tranquilamente hasta Barcelona. Solo que no llenemos el depósito del todo porque parece que cuando está a tope, se derrama. Los mecánicos, un 10, nos lo miran enseguida, llaman a una compañera que habla castellano para que nos traduzca y no nos quieren cobrar ni un duro. Evidentemente no lo consiguieron, estábamos realmente agradecidos. Después de la alegría de saber que no era nada grave que nos impidiera acabar de disfrutar del viaje! Da gusto encontrar gente así por el camino.
Seguimos en ruta pues hasta el Vall di Mis, y empezamos a cerrar el círculo y a emprender la vuelta, pero esto os lo explicaré en el siguiente post 😉
Si a diferencia de nosotros, vuestro viaje a Dolomitas coincide con temporada alta, valorad bien la hora de inicio de la ruta de Tre Cime di Lavaredo y también la possibilidad de hacerla en el sentido inverso para no coincidir con toda la procesión de gente que se suele haber en vacaciones.
Ya miércoles nos despertamos en el Passo Tre Croci también con un cielo azul y un sol radiante, a pesar de que hay restos de que por la noche ha estado nevando. Cogemos provisiones, ya que la ruta de hoy será durilla y hacia arriba. Seguimos el sendero 215 hacia el Lago Sorapis.
La primera parte transcurre por dentro del bosque, tenemos que cruzar algún tramo helado que pone a prueba nuestro equilibrio, el desnivel se empieza a notar y el bebe pide una pausa para descansar.
Las vistas son magníficas, pero tenemos que continuar camino. Empieza el tramo de desfiladero, con un precipicio a la izquierda compensado por cuerdas metálicas a modo de pasamanos.
Después viene un tramo de escalas que ayudan a salvar un buen desnivel y sigue el desfiladero por un camino estrecho excavado en la roca de las paredes. El bebe se entretiene rompiendo las estalactitas del agua que cae por las paredes y queda congelada antes de llegar a tierra. El paisaje es espectacular, cada vez hay más nieve.
Hay unas últimas escaleras metálicas y ya se llega al Rifugio di Vandelli a 1.926 m. y a cuatro pasos del bellísimo Lago Sorapis, famoso por el color de su agua, de un turquesa atípico, que el hielo y la nieve que hay encima nos impide ver. Qué lástima. Nos quedamos con las ganas, quizás será un buen motivo para volver en otra época. Eso sí, disfrutamos del paisaje gélido del momento bajo un sol radiante. El lugar es precioso. Nos paramos a comer un poco para reponer fuerzas y contemplar la naturaleza, han sido 2 horas y media de subida y todavía queda la vuelta.
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Finalmente llegamos a la furgo pasadas 4 horas, agotados pero satisfechos. El camino es realmente bonito, 100% recomendable.
Después de comer pobemos rumbo a las Tre Cime di Lavaredo, pero esto os lo explicaré en el próximo post.
Llegamos al Passo Falzarego a 2.105 m. ya de noche, así que aparcamos y mañana será otro día. La calefacción se para de madrugada y cuando me despierto el termómetro marca dentro – 5.4° Qué rasca! La vuelvo a encender y espero que se despierten mis chicos.
Esta noche sí que ha nevado de lo lindo! El paisaje afuera es alucinante. Espero que los neumáticos de invierno hagan su función porque el suelo del parking está completamente blanco.
Esperamos que el sol suba un poco en un cielo completamente azul y empiece a calentar para salir de la furgo. Decidimos coger el funicular que te sube hasta el Rifugio Lagazuoi a 2.752 m. Salva un desnivel considerable y desde arriba te ofrece unas vistas magníficas. Qué suerte hemos tenido. La niebla y las nubes nos han respetado y podemos disfrutar de la panorámica. Qué pequeños nos sentimos aquí arriba. Andamos un poco para ver los 360° disponibles y nos adentramos en uno de los túneles construidos durante la guerra para averiguar como debía de ser aquella época.
La nieve nos impide hacer todo el recorrido de bajada a pie, la chica del teleférico junto al Rifugio Lagazuoi dice que hay demasiada nieve y que no es seguro yendo con el peque, así que muy obedientes, nos conformamos con una pequeña degustación.
Después de la experiencia en las alturas, tardamos un rato en acondicionar la furgo para seguir ruta. Los cristales están completamente congelados, tiene estalactitas por todas partes y es imposible conducir así.
La siguiente parada nos lleva hasta el Passo Tre Croci (1.805 m.), desde donde empieza la excursión prevista para mañana al impresionante lago Sorapis. Aprovechamos la tarde para hacer un paseo por el bosque mientras hay luz solar y a dormir.
Esta vez hemos cambiado la furgo por el avión; y el destino elegido para estrenarse en el aire ha sido la bella y mágica Venecia, en Italia.
Era la primera vez que el bebe volaba y estaba entusiasmado. A punto de hacer 3 años, ya entiende todo lo que le explicamos; racionalmente era consciente de lo que pasaría, a pesar de que al ser la primera vez, no se podía imaginar como sería realmente la experiencia.
Antes del viaje a Venecia, habíamos cogido algunos cuentos de la biblioteca para poderle anticipar todo lo que iría pasando para facilitarle la adaptación; y para el durante, cogimos un cuento de Elmer, ceras para pintar, pegatinas y un par de coches.
Los padres teníamos muchas ganas, nos hemos reprimido durante mucho tiempo pero no lo podemos evitar, nos encanta volar y conocer tierras lejanas…
Día 1 del viaje a Venecia en familia
La aventura empezó el viernes 8 de abril; bien pronto, el abuelo nos acompañó al aeropuerto, como no teníamos que facturar, directos hacia el control y hacia la puerta correspondiente.
Preferiblemente siempre volamos sin facturar el equipaje para evitar los ratos de espera para recoger las maletas y la posibilidad de perdida.
Aprovechamos para desayunar mientras el bebe tiraba los coches por el tobogán del mini parque que había junto a la puerta de embarque.
Una vez había subido la mayoría de gente, entramos nosotros, de este modo es subir y despegar, evitando esperas inútiles en un espacio tan reducido.
El bebe ni se inmutó durante el despegue, mamó un poco y se durmió… un vuelo muy plácido. Cuando volvió a abrir los ojos ya estábamos sobrevolando Italia y aterrizábamos en pocos minutos en el aeropuerto de Venecia Treviso.
Como era casi mediodía, preferimos llegar a la ciudad de Treviso en bus y comer algo; antes de coger el tren hasta la estación de Santa Lucía, ya en la isla de Venecia.
Yendo con el bebe escogimos cambiar de vehículo y que se pudiera explayar un poco entre el avión y el tren. En vez de coger el bus directo a Venecia y volver a atarle a un asiento más de una hora con la barriga vacía.
Así que a primera hora de la tarde salíamos del tren expectantes para ver qué nos depararía esta mágica ciudad… Lo primero que ves al bajar del tren es esto:
Así que la primera impresión fue buenísima. Nos miramos y reconocimos en los ojos del otro la emoción de descubrir juntos un nuevo lugar fascinante.
Solo pudimos articular dos palabras: me encanta y gracias.
Era hora de probar un nuevo vehículo, el vaporetto, los autobuses acuáticos de Venecia. Así que compramos el caro billete (7’5 €), nos instalamos en la parte posterior descubierta y empezamos a navegar por el Gran Canal. Qué bienvenida, no podíamos parar de mirar a lado y lado y cada detalle nos parecía más cautivador. Estábamos radiantes.
Después de pasar por debajo del puente más antiguo y famoso, el puente de Rialto y del puente de la Academia; bajamos en la parada de Giglio, a 2 minutos de nuestro alojamiento.
El hotel no era nada espectacular, pero la ubicación era magnífica, a menos de 5 minutos de San Marco; y por lo cara que es Venecia, a un precio basta razonable (72 € la habitación doble con baño).
Después de hacer el check in y descargar las mochilas, fuimos hasta la famosa plaza San Marco. Vimos la basílica, el palacio Durcal, el león alado insignia de la ciudad, el puente de los suspiros… Y estuvimos paseando junto al mar con San Giorgio Maggiore de fondo hasta que decidimos perdernos entre los callejones y canales del barrio de Castello.
Cada canal esconde un detalle precioso para admirar, podrías estar todo el rato haciendo fotos; suerte que los niños solo viven el aquí y ahora y te hace ser consciente de vivirlo y dejarte de tantas fotos.
Día 2 del viaje a Venecia en familia
El sábado por la mañana todavía con un poco de lluvia salimos sin planificar el destino, solo con la intención de perdernos entre canales. Descubrimos el mercado de Rialto, rodeado de gaviotas que buscaban restos de comida. Seguimos paseando por el barrio de San Polo y disfrutando de la ciudad, de sus tradiciones y misterios y de su gastronomía. Para una familia adicta a la pizza, es un auténtico paraíso. El bebe aprendió enseguida a decir gelato 😉 y sí, este fue nuestro menú diario, pizza y helado, helado y pizza.
Por la tarde fuimos a patear por el barrio de Dorsoduro que nos gustó mucho; los espacios eran más amplios y se notaba más la esencia de barrio a pesar de la cantidad de turistas que atrae una ciudad tan especial como Venecia.
Día 3 del viaje a Venecia en familia
El domingo queríamos ir a la isla de Burano; Nos levantamos con un sol espléndido así que salimos temprano del hotel y dando un paseo fuimos subiendo para ir a Fondamente Nove; Al final nos dejamos llevar por la marea de gente y acabamos en la estación de tren, así que descubrimos el barrio de Cannaregio.
Finalmente llegamos a Fondamente Nove donde cogimos el vaporetto que en 45 minutos nos acercaría a Burano, la isla de las casas de colores.
Dimos una agradable paseo por la pequeña isla para descubrir las casitas de colores que la habitan, algo más de pizza y vaporetto de vuelta hacia Venecia.
Por la tarde nos acercamos hasta el Squero di San Trovaso, donde se puede apreciar como se reparan las góndolas y despedir el día con la puesta de sol en el paseo de Zattere.
Ya de noche, volvimos a la zona de Rialto, donde hemos comido la mejor pizza, para repetir.
Día 4 del viaje a Venecia en familia
El lunes después de hacer las mochilas, fuimos andando tranquilamente desde el hotel hasta la ferrovia, exprimiendo los últimos minutos e intentando retener tanta belleza en la memoria. Como no, paradita para la última porción de pizza, tren, bus y avión. Llegamos con el tiempo muy justo, faltaba menos de media hora para el despegue.
El vuelo de vuelta fue igual de plácido que el de ida, teta y siesta; a pesar de que esta vez tuvimos que despertar al peque porque ya habíamos pisado tierras catalanas y seguía atrapado por Morfeo.
Una vez en Barcelona, tocaba recoger a Lüa de sus vacaciones particulares… Esta vez no nos ha podido acompañar físicamente pero la hemos tenido muy presente.