VIAJE A MARRUECOS: Fez y el Desierto

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Marruecos es un destino que siempre tenemos presente porque nos encanta, además está muy cerca. Así que cuando salieron vuelos baratos hacia Fez, no lo pensamos demasiado y compramos rápidamente 3 asientos para volver al país vecino. Sería nuestra tercera vez en tierras marroquíes, la segunda con el peque, el año pasado bajamos al desierto en furgo y esta vez volveríamos en avión.

Así que cogimos los vuelos a Fez con la intención de bajar de nuevo al desierto.

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Día 1 del Viaje a Marruecos:

avion   Vuelo Barcelona – Fez

b  hotel    Alojamiento en Fez: Hotel & Spa Dar Bensouda (si reserváis a través de este link tendréis 15 € de descuento)

Contraté la recogida en el aeropuerto en el propio hotel y al bajar del avión, ahí estaba el cartelito con nuestro nombre para darnos la bienvenida a Marruecos. Siempre contrato este tipo de servicio, detesto llegar a un país y empezar a regatear con los miles de taxistas que se pelean para que subas a su taxi, así que me resulta mucho más cómodo, llegar y no tener que preocuparme de nada.

Al llegar a la medina donde el taxi no puede avanzar más, aparece un chico del hotel que nos acompañará hasta la puerta. Una vez llegamos al hotel, no podemos más que maravillarnos con el edificio, es un riad precioso, me sonrío, bonita elección. Exploramos cada detalle y no podemos dejar de aprovechar la ocasión de meternos en la piscina a pesar de que está ya oscureciendo. Qué maravilla de lugar! Casi que preferimos quedarnos dentro que salir a explorar la medina.

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Día 2 del Viaje a Marruecos:

Fes

Bus Fes – Merzouga

 

Al día siguiente, después de descansar en una de las hermosas habitaciones del riad y de degustar un desayuno de campeones, gestionamos con el hotel los tickets para el bus nocturno que nos llevará al desierto y salimos a perdernos por la medina, porque somos conscientes de que a veces resulta difícil orientarse, así que nos dejamos llevar sin rumbo fijo.

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A media mañana hacemos una pausa en un bar para tomar algo en su terraza desde donde divisamos una de las curtidurías donde trabajan la piel, así que tras reponer fuerzas, nos dirigimos a este lugar tan característico de la medina de Fez. No es una curtiduría de las más famosas así que no hay muchos turistas husmeando. En una de las tiendas que nos ofrece subir a la azotea con un trozo de menta en la nariz para soportar mejor el intenso olor que desprenden las pieles que trabajan abajo, insistimos en la idea de poder ver la curtiduría de cerca, donde normalmente sólo hay lugareños. Finalmente conseguimos que nos dejen pasar a la zona propiamente de trabajo donde no hay ni un guiri. Podemos caminar entre piscinas de colores y obtener unas vistas privilegiadas del lugar. Nos sentimos afortunados y agradecidos.

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Después de la curtiduría nos enseñan cómo trabajan los telares con sus coloridas telas y se hace mediodía, así que vamos a comer al riad y aprovechamos para darnos otro bañito en la piscina… Por la tarde seguimos explorando las callejuelas adyacentes a nuestro alojamiento.

El bus nocturno hacia el desierto sale a las 21h de Fez, así que una hora antes, nos dirigimos a la estación de autobuses para asegurarnos de que llegamos puntuales. Una vez allí, buscamos un restaurante cerca para cenar algo y esperar que sea la hora de salir. Puntualmente, arrancamos rumbo al sur. No es una opción especialmente cómoda pero te permite aprovechar todos los días, por eso la elegimos, porque si decides conducir de día hacia el desierto, pierdes todo un día mínimo y no tenemos tantos días de vacaciones como para perderlos… La ventaja que tenemos es que nuestro hijo está muy acostumbrado a viajar en furgo y no se le hace nada pesado el viaje, además de que tiene facilidad para dormirse en cualquier sitio y a la que pilla la postura, se deja atrapar por Morfeo. A media noche el bus hace una parada, se supone que para cenar, y continua hasta el amanecer, hora en la que llega por fin, a Merzouga.

 

Día 3 del Viaje a Marruecos:

b  hotel    Alojamiento en el Desierto de Merzouga: Auberge du Sud

Una vez en Merzouga, o en Hassie Labie, depende de donde reserves el hotel para dormir en las dunas, debes bajarte en una u otra parada y, ahí te recogen del hotel contratado. Si vas sin reserva, hay muchos hoteles que mandan sus 4×4 para captar nuevos clientes y te trasladan a sus hoteles gratis.

En nuestro caso, volvemos por tercera vez al mismo hotel, el Aubergue du Sud. Vemos la salida del sol des del 4×4 y llegamos al hotel en unos minutos. Cogemos una habitación con terraza con vistas a las dunas para dejar las mochilas e irnos directos a la piscina.

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La última vez el peque se quedó con las ganas de subir a un camello y desde que supo que volveríamos al desierto que pedía de poder subir a un camello. Nosotros nunca habíamos subido y no teníamos ningunas ganas de hacer la turistada, pero a veces, hay que ceder para que todos podamos disfrutar del viaje. Así que a petición del peque, reservamos la excursión en camello para ver la puesta de sol y, para el día siguiente por la mañana reservamos dos horas de quads.

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Pasamos la mañana en la piscina y jugando en la arena de las dunas cercanas al hotel hasta que fue la hora del camello. Tiene su intríngulis subir y bajar del animal eh, jolin, como no estés bien cogid@… Pues nada, montamos el camello y un bereber nos guía entre las dunas, lo bueno es que salimos con otro grupito de 5 personas pero a los pocos minutos nos dividimos y hacemos la ruta nosotros solos. Se agradece. Disfrutamos del desierto y de la puesta de sol des de un lugar privilegiado mientras el peque juega a rebozarse de arena, disfruta como nunca haciendo la croqueta y rodando duna abajo. Para nosotros es maravilloso verle disfrutar en un entorno que no es el suyo, que podamos disfrutar todos de los viajes es imprescindible y parece que es una realidad.

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De vuelta al hotel, tiempo para una duchita para quitar toda la arena del cuerpo y nos tienen la cena preparada en la terraza, amenizada por música bereber en directo, la mejor manera de terminar el día.

 

Día 4 del Viaje a Marruecos:

Merzouga

Bus Merzouga – Fes

Al día siguiente, me levanto temprano para ver el amanecer entre dunas, subo a la terraza con sudadera, puesto que a esta hora, refresca y me dispongo a vivir este mágico momento. Todo en silencio, arena y sol, nada más.

Hemos reservado la ruta en quad para primera hora porque luego hace mucho calor, así que salimos sin desayunar.

El chico que nos hará de guía es el mismo de los años anteriores, así que ya nos conocemos. Si queréis alquilar quads, una hora sabe a poco y nosotros siempre nos quedamos con ganas de más, así que alquilamos directamente 2 horas, lo que nos permite alejarnos más del hotel y explorar zonas menos concurridas.

Nos ponemos el casco y gassss

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No deja de fascinarnos, es la tercera vez que venimos, que conducimos por este mar de arena y sigue impresionándonos tanto como el primer día. Es difícil describirlo pero es una sensación tan hermosa que seguiremos repitiendo siempre que podamos 🙂

Vamos parando para hacer alguna foto a tanta majestuosidad, el peque va cambiando de vehículo, un rato con su padre, un rato con su madre… le pilla el truco rápido a conducir también y goza tanto como nosotros de la experiencia.

A medio camino, pasamos por lo que había sido un campamento de berebers nómadas, es sobrecogedor pensar que sobreviven en ese entorno tan hostil…

Hacemos una paradita en un campamento de haimas y el guía nos ofrece un te de menta delicioso, esto no estaba contratado, agradecemos el detalle y aprovechamos el entorno para explicarle mejor la cultura bereber al peque.

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Es hora de volver, el sol empieza a apretar y el reloj sigue corriendo, así que ponemos rumbo al hotel vadeando por las enormes dunas de Erg Chebbi, disfrutando de cada subida y de cada bajada, siendo conscientes de que es un lugar lejano al que no se puede ir todos los días, tomando consciencia de lo privilegiados que somos por poder vivir estas maravillosas experiencias en familia.

Ya en el hotel, el hambre aprieta, así que vamos directos a la terraza para tomar un completo desayuno  y acto seguido, directos a la piscina. Y así pasamos el día, descansando, desconectando, cogiendo energías entre la piscina, la terraza y las dunas.

El peque no pierde el tiempo, cada vez domina más el arte de nadar y se lo pasa en grande, tiene tiempo también de hacerse amigo de una niña marroquí con la que comparte juegos fuera y dentro del agua, a pesar de que no se entienden de nada con el idioma, juegan como si hablaran la misma lengua.

Cuando empieza a caer la noche, es hora de ir hacia el pueblo de Merzouga donde cogeremos el bus que nos llevará de vuelta a Fes. Antes les pedimos que llamen al hotel que tenemos contratado en Fes para informarles de que llegamos en bus y que nos vengan a recoger a la estación.

La vuelta parece que se hace más llevadera, quizá ya somos conscientes de lo que nos espera, y no estamos tan ansiosos por llegar como a la ida. El peque como en el trayecto anterior, no tiene ningún problema, y cuando se cansa de mirar por la ventana, se acomoda y deja que el sueño le venza.

Llegamos a Fez una hora antes de lo previsto, obviamente no hay nadie en la estación de autobuses para recogernos porque se ha adelantado mucho sobre el horario previsto. Era todavía de noche y no teníamos ganas de discutir con ningún taxista, así que decidimos cruzar la calle y pedir una habitación en el Ibis que hay justo en frente. Sólo serán unas horas, pero serán reparadoras después de pasar las últimas 7 en un asiento de bus. Nos dan la habitación rápidamente y nos metemos en la cama en seguida.

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Día 5 del Viaje a Marruecos:

b  hotel    Alojamiento en Fez: Hotel Ibis (si reserváis a través de este link tendréis 15 € de descuento)

b  hotel    Alojamiento en Fez: Riad Jamaï (si reserváis a través de este link tendréis 15 € de descuento)

 

Al día siguiente aprovechamos el desayuno buffet en la terraza con piscina del hotel. El peque no pierde la ocasión de bañarse de nuevo mientras nosotros apuramos el te bajo una sombrilla.

Ahora sí, le pedimos que llamen al taxista del hotel que tenemos contratado que viene a buscarnos en media hora. Nos comenta que llegó un poco más tarde que nosotros y que ya no estábamos, que estuvo esperando un buen rato pero no aparecimos. Bueno, incidencias marroquíes, nada grave, nos descuenta una parte del servicio de transfer y nos lleva al hotel.

La primera impresión no es la mejor, está metido en un callejón sin ningún encanto, pero al traspasar la puerta, nuestra cara cambia por completo, otro maravilloso riad con piscina con una hermosa terraza tanto abajo como arriba y unas habitaciones de ensueño, las mil y una noches… Creo que podríamos quedarnos a vivir en un sitio como éste…

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Después de acomodar nuestras cosas y descubrir todos los rincones del alojamiento, nos vamos al Palacio Real para ver las 7 puertas doradas. No es fácil explicarle al peque que es un palacio real, pero que el rey no es como el de los dibujos animados…

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Cuando empieza a oscurecer cogemos un taxi y nos vamos a dar una vuelta por la medina pero entrando por la zona sur, donde estuvimos alojados la primera vez que vinimos. Todo nos resulta familiar y logramos encontrar uno de los bares en los que estuvimos con unas bonitas vistas de la ciudad iluminada y deliciosa comida, además hacen exposiciones, música en directo, etc…

Con la barriga llena, volvemos a coger un taxi hasta el riad para descansar hasta mañana.

 

 

Día 6 del Viaje a Marruecos

avion   Vuelo Fez – Barcelona

Para no perder la costumbre, subo a la azotea antes de que salga el sol para deleitarme con el espectáculo de luces entre las nubes, esta vez tengo compañeros, en la azotea de enfrente hay conejos y gallinas que me miran curiosos…

Bajo a la habitación y mis chicos todavía duermen, así que espero impaciente que se levanten para seguir descubriendo la ciudad imperial y exprimir las últimas horas en el país vecino.

Bajamos a desayunar las delicias que nos han preparado, es difícil decir basta, porque todo está para repetir y repetir.

Hoy es el día para hacer compras, no podemos venir a Marruecos y no traernos nada… Algo de artesanía y decoración para casa… Así que volvemos a la medina, entramos en algunas madrassas emblemáticas y nos enamoramos de una alfombra preciosa, después de regatear un buen rato, nos hacemos amigos de los vendedores que nos acaban recomendando un sitio para comer con las 3 “b”. Así que allá que nos vamos, insisten en pedir “pastela” de pollo con almendras, la especialidad de la casa. Madre mía para qué lo probamos, ¡que bueno estaba! Delicioso es decir poco.

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Para bajar la comilona damos una última vuelta por la medina y nos vamos al riad a recoger las mochilas, paramos en el centro comercial para hacer tiempo y comer algo antes del vuelo y al final tenemos que acabar corriendo para coger el taxi de vuelta al aeropuerto, que desastre.

Llegamos muy justos de tiempo, así que sello en el pasaporte de salida y para arriba. Aterrizamos ya de noche en Barcelona, agradecidos de haber podido vivir de nuevo una hermosa experiencia en el país vecino.

¿Cuando regresamos?

Y tú, ¿eres de los que repite o prefieres descubrir siempre sitios nuevos?

Somos una familia con un niño de 5 años y una perrita que adora bañarse.
Nos encanta salir en furgo, el contacto con la naturaleza y descubrir juntos tierras lejanas... ¿nos acompañas?

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